Por alguna razón que ahora no
sabría explicar, la serie dedicada
a Juventino Rosas quedó
interrumpida en la tercera parte,
a pesar de haber sido concebida y
redactada en cinco.
Detectado el desliz, será
enmendado de inmediato, pero con
un imprescindible paréntesis
adicional porque resulta absurdo
que falleciera el autor del
Diccionario del cual se ha nutrido
siempre Ayer musical habanero, y
que Tras la imagen no le haya
dedicado unas líneas, siquiera,
cual póstumo homenaje a quien
–incluso personalmente–, sugirió
nombres, agrupaciones e ideas para
esta sección.
He ahí la razón de los párrafos
que siguen, no como nota
biográfica, sino como constancia
de agradecimiento al desinteresado
colaborador, y a la amistad que
mantuvimos durante 20 años:

¡GRACIAS, HELIO!
Partió Helio Orovio y aún
guardo fresca en la memoria
aquella veraniega tarde del
miércoles 24 de agosto de 1988,
cuando nos conocimos en la Casa de
Cultura de Alquízar, en el
coloquio acerca de la obra
bolerística de Luis Marquetti,
quien ese día cumplía 87 años.
Admiraba la obra de Orovio
desde finales de los años ’70,
cuando, por primera vez,
seriamente, me acerqué a nuestra
historia musical. Ya en los ’80,
devoré la primera edición de su
enjundioso Diccionario de la
música cubana; biográfico y
técnico (1981), y no perdí ni una
sola de sus intervenciones en el
programa televisivo 9550.
Sin embargo, me acercó a él una
inquietud periodística. En la
ponencia El bolero en La Habana:
Luis Marquetti –presentada en el
mencionado coloquio–, Helio había
dicho que el insigne hijo de ese
municipio sureño "…constituye el
primer peldaño entre los creadores
de boleros y el más notable entre
los notables, en Cuba y el resto
del mundo, en todos los tiempos".
En verdad, la frase me pareció
demasiado absoluta, teniendo en
cuenta la amplia relación de
reconocidos autores de piezas en
ese género musical. De ahí que le
preguntara "¿cómo sustentar tal
criterio, cuando, al mismo tiempo,
puedo pensar en los cubanos Pepe
Sánchez o José Antonio Méndez, en
el puertorriqueño Rafael Hernández
o el mexicano Agustín Lara, por
solo mencionar cuatro nombres?"
Y la respuesta fue más absoluta
aun: "Todos los demás compusieron,
también, obras en otros géneros;
mientras, en Marquetti, el bolero
ocupa el espacio íntegro de su
vida."
|

Entre familiares y amigos, el
autor de Desastre, Plazos
traicioneros, Allí donde tú
sabes,…, pica el cake de los
87. A su derecha (detrás),
Helio Orovio. (Foto: Tito)
|
De aquel breve encuentro nació
una fructífera amistad. Después,
se sucedieron muchos, fortuitos
unos, planificados otros (en la
Unión de Periodistas o en la de
Escritores y Artistas), en los que
siempre aproveché el momento para
precisar detalles en relación con
la historia de la música cubana, y
jamás me faltó la respuesta
oportuna.
Más recientemente, informado de
la idea de publicar una serie
dedicada al ayer musical habanero,
tomando como punto de referencia
la segunda edición de su
imprescindible Diccionario (1992),
prometió apoyo, el cual se
mantuvo, incluso con
actualizaciones, siempre que fue
necesario.
Por todo esto, puedo decir que
fue casual –pero, también, causal–
que la información acerca de su
deceso, el pasado 6 de octubre (a
los 70 años de edad), me
sorprendiera leyendo su libro
Música por el Caribe (Editorial
Oriente, Santiago de Cuba, 1994),
otro texto de obligada consulta,
por el que, una vez más, tengo que
decirle: ¡Gracias, Helio!