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Ayer musical habanero (XXIII)
A cargo de Juan Ramón Rodríguez Gómez

Sobre las olas (IV) 

MEXICANO TODO ARTISTA* 

Como parte del amplio homenaje a Juventino Rosas en 1994 –en ocasión del centenario de su fallecimiento en Surgidero de Batabanó, Julio César Ramírez, director del grupo habanero Teatro D’Dos, escribió la obra Obertura para hombre y violín, acerca de la atormentada vida y la muerte temprana del célebre músico mexicano.

Cuatro personajes van desbrozando las madejas tejidas alrededor de Juventino. Ellos son un Pordiosero; la llamada Mujer de las olas, cuyo vestido azul cubre buena parte del escenario; el Hombre de la noche, que avanza sobre zancos; y el propio violinista.

No habrá valoraciones por esta vez, es decir, las hará cada lector a partir de este fragmento que publicamos a continuación: 

(...). 

Pordiosero: Usted confunde los caminos. Puede ser muy fácil empezar la historia por el principio o por el final, pero es muy difícil encontrar la verdad. 

Mujer (Despectiva): Esa vida que llevó hizo a muchos olvidar los detalles. 

Pordiosero: ¿De qué habla? ¡Ya veo que tenía razón! Puede usted confundirlo todo y llevar las cosas por donde no fueron, vivió como quiso y no le importó el dinero, alcanzó la gloria, visitó los salones de palacio, compartió con lo mejor de la sociedad. 

Mujer: ¿Y por que se alejó de ella? 

Pordiosero (La mira fijamente como culpándola): ¿Me lo pregunta? Nadie mejor que usted para saberlo. (Con dolor) ¡Por amor! 

Mujer: ¡Por amor o por cobardía! 

Pordiosero (Con mucha fuerza): ¡Cobardía! ¡Lo llama cobarde! ¡Cobarde es usted que no supo valorar! 

Mujer: Le dije que me toma por quien no soy. 

Pordiosero: ¡Cobarde! ¿Entonces no encontrar una salida es un acto de cobardía? ¿Amar intensamente es un acto de cobardía? ¡Cobardes son los que nos alejan del mundo, los que no cierran las puertas! (Ha dicho este texto con mucha fuerza, haciendo giros violentas, hacia el extremo derecho de la escena. El extremo izquierdo es iluminado por un cenital dejando ver la figura de un hombre inmenso cubierto por una capa negra y con el rostro muy pálido). 

Hombre: ¡Quizás haya sido un acto de cobardía! (Las voces se escuchan como de ultratumbas, creando junto a la iluminación un ambiente onírico, la Mujer y el Pordiosero se vuelven rápidamente quedando muy sorprendidos. El Hombre dice con desprecio): ¡Marco Antonio y Cleopatra! ¡Tristán e Isolda! ¡Romeo y Julieta! ¡Los grandes amantes dejan de serlo cuando el temor les acecha! 

Mujer: ¿Quién es? 

Pordiosero (Como si tratara de desprenderse de una pesadilla): ¡Es él! ¿Cómo puedo verlo si su cuerpo no existe? (Se contrae como si un destello de luz lo cegara. El Hombre de la noche avanza hacia el centro de la escena, toma el violín y lo lleva al hombro. Repite el movimiento tres veces y comienza a escucharse una melodía. La Mujer sale completamente transformada por el otro extremo para incorporarse a la acción). 

Hombre: Amaba a la señorita Mariana Carvajal, hermana del amigo Fidencio, y mientras lavaba en el río... (Se incorpora la voz de la Mujer, dándole continuidad a la idea, mientras el Hombre mueve solamente los labios). 

Mujer: ...él sentado en el ribazo norte compuso el vals que primero llamó A la orilla del arroyo. (La Mujer emerge de dentro de sus largas piernas). 

Pordiosero: ¡El espectro! 

Mujer: Estudió piano y violín en el conservatorio. 

Hombre (Sosteniéndose sobre los hombros de ella dice con desprecio): No llegó a graduarse nunca. 

Mujer: Fue maestro de piano. 

Hombre: ¡Solo por algunos meses, para sobrevivir! Siempre fue un desgraciado, desde el mismo día de su nacimiento, ese 25 de enero. 

Pordiosero (Alejándose de la situación creada por la Mujer y el Hombre de la noche): ¡Es mentira¡ ¡Mentiras! ¡Su nacimiento fue el 24! 

Hombre: El amor fue su perdición. (Burlándose) No podía contenerse ante un rostro femenino. 

Mujer (Alarmada pero a manera de burla): Dejó de ser director de la orquesta para ocupar un puesto en una de las importantes bandas de la capital. (Saliendo de la composición formada por el Hombre de la noche. Ridiculizando) ¡Como primer pistonista! Pero contrariado al poco tiempo de estar allí... Vendió, como dicen unos (recapacita) o como dicen otros, dejó en manos de los ladrones el instrumento y tuvo que desertar de la banda, ocultándose en casa de su amigo Pepe Reina. Uno de esos días que amaneció deprimido (Hace gesto con el pulgar), invitó a su amigo a bañarse al manantial. Ya con el agua vino un golpe de luz y, sin pensar en otra cosa, empezó a tararear una melodía que le punzaba en la cabeza, así nació... 

Pordiosero: ¡Esas son fabulaciones como tantas otras! 

Mujer (Comienza a dar pasos del jarabe tapatío, mientras dice el texto): Pasaba largas temporadas en Contreras y, en sus momentos de ocio, daba rienda suelta a la imaginación, inspirando bailables que hacían eco en el pueblo. Así nació el vals famoso. (Ríe estruendosamente) Así nació, a la vera de un gallinero, encima de una sucia mesa de madera. 

Hombre (Riendo): Lo compuso mientras huía, mientras huía de la leva militar (Ríen los dos). 

Pordiosero (Sobre la risa): ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! (A la mujer, por el hombre) Eso no es más que un producto de su afiebrada imaginación. 

Hombre: ¡No es junto al manantial, ahora es junto al gallinero! (Ríen). 

Pordiosero: ¡Santo Dios! ¿Qué está pasando? ¡Fuera de aquí! Es un sacrilegio. Están ultrajando la memoria. ¡Fuera, fuera! (Todo se detiene, cesa la risa, al centro-fondo de la escena se escucha una voz). 

Violinista: ¡Sólo el mar me defiende de la soledad! (Todos quedan sorprendidos por un momento). 

Pordiosero: ¡Es él!... ¿Quién le ha traído? ¿Alguien tiene que haberlo traído? (Por la mujer) ¡Usted es la culpable, ustedes son enviados de Satanás! (El Hombre abre su ancha capa negra y va hacia el violinista creando una composición similar a la de la burla. Solo se ven los rostros del Hombre de la noche y el Violinista). 

Violinista: Me he quedado en este lugar como barco varado. ¡Sólo las olas parecen volver a ocupar de nuevo su lugar! Las he amado tanto... Las he soñado... Ahora están ahí, lentas y cadenciosas. (Mira a su alrededor) ¡Un infinito de mar y estas paredes como una celda! (El Pordiosero ha caminado muy lentamente hasta el Violinista, la Mujer queda en su sitio). 

Pordiosero (Como en un ruego): ¡No...!  

Violinista: ¡Sí! Son las últimas horas, siento como si me lo dijeran al oído. (El Hombre se aleja del Violinista). ¡Las últimas! Ese señor me lo dice, lo soñé y ahora no quiere separarse. (La Mujer y el Hombre de la noche se van perdiendo lentamente por un lateral) ¿Es de noche?... No, ahí está la claridad del día. ¿Entonces por qué está, si sólo me visita de noche? (Se incorpora con dificultad) ¿No escuchas? (Se detiene) Es como una melodía, trae papel que voy a componer. (Se queda como si escuchara) ¡Piano! ¡Piano! ¡Pianísimo! (El Pordiosero lo mira con mucha lástima).

(...)

*Adaptación de “... ‘Aquel infortunado mexicano todo artista’”, de José León Díaz, en Tertulia (suplemento cultural del periódico el habanero), No. 13, de 24 de junio de 1994, p. 3.

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