MEXICANO TODO
ARTISTA*
Como parte
del amplio homenaje a Juventino
Rosas en 1994 –en ocasión del
centenario de su fallecimiento en
Surgidero de Batabanó, Julio César
Ramírez, director del grupo
habanero Teatro D’Dos, escribió la
obra Obertura para hombre y
violín, acerca de la atormentada
vida y la muerte temprana del
célebre músico mexicano.
Cuatro
personajes van desbrozando las
madejas tejidas alrededor de
Juventino. Ellos son un
Pordiosero; la llamada Mujer de
las olas, cuyo vestido azul cubre
buena parte del escenario; el
Hombre de la noche, que avanza
sobre zancos; y el propio
violinista.
No habrá valoraciones por esta
vez, es decir, las hará cada
lector a partir de este fragmento
que publicamos a continuación:
(...).
Pordiosero:
Usted confunde los caminos. Puede
ser muy fácil empezar la historia
por el principio o por el final,
pero es muy difícil encontrar la
verdad.
Mujer
(Despectiva): Esa vida que llevó
hizo a muchos olvidar los
detalles.
Pordiosero:
¿De qué habla? ¡Ya veo que tenía
razón! Puede usted confundirlo
todo y llevar las cosas por donde
no fueron, vivió como quiso y no
le importó el dinero, alcanzó la
gloria, visitó los salones de
palacio, compartió con lo mejor de
la sociedad.
Mujer: ¿Y por
que se alejó de ella?
Pordiosero
(La mira fijamente como
culpándola): ¿Me lo pregunta?
Nadie mejor que usted para
saberlo. (Con dolor) ¡Por amor!
Mujer: ¡Por
amor o por cobardía!
Pordiosero
(Con mucha fuerza): ¡Cobardía! ¡Lo
llama cobarde! ¡Cobarde es usted
que no supo valorar!
Mujer: Le
dije que me toma por quien no
soy.
Pordiosero:
¡Cobarde! ¿Entonces no encontrar
una salida es un acto de cobardía?
¿Amar intensamente es un acto de
cobardía? ¡Cobardes son los que
nos alejan del mundo, los que no
cierran las puertas! (Ha dicho
este texto con mucha fuerza,
haciendo giros violentas, hacia el
extremo derecho de la escena. El
extremo izquierdo es iluminado por
un cenital dejando ver la figura
de un hombre inmenso cubierto por
una capa negra y con el rostro muy
pálido).
Hombre:
¡Quizás haya sido un acto de
cobardía! (Las voces se escuchan
como de ultratumbas, creando junto
a la iluminación un ambiente
onírico, la Mujer y el Pordiosero
se vuelven rápidamente quedando
muy sorprendidos. El Hombre dice
con desprecio): ¡Marco Antonio y
Cleopatra! ¡Tristán e Isolda!
¡Romeo y Julieta! ¡Los grandes
amantes dejan de serlo cuando el
temor les acecha!
Mujer: ¿Quién
es?
Pordiosero
(Como si tratara de desprenderse
de una pesadilla): ¡Es él! ¿Cómo
puedo verlo si su cuerpo no
existe? (Se contrae como si un
destello de luz lo cegara. El
Hombre de la noche avanza hacia el
centro de la escena, toma el
violín y lo lleva al hombro.
Repite el movimiento tres veces y
comienza a escucharse una melodía.
La Mujer sale completamente
transformada por el otro extremo
para incorporarse a la acción).
Hombre: Amaba
a la señorita Mariana Carvajal,
hermana del amigo Fidencio, y
mientras lavaba en el río... (Se
incorpora la voz de la Mujer,
dándole continuidad a la idea,
mientras el Hombre mueve solamente
los labios).
Mujer: ...él
sentado en el ribazo norte compuso
el vals que primero llamó A la
orilla del arroyo. (La Mujer
emerge de dentro de sus largas
piernas).
Pordiosero:
¡El espectro!
Mujer:
Estudió piano y violín en el
conservatorio.
Hombre
(Sosteniéndose sobre los hombros
de ella dice con desprecio): No
llegó a graduarse nunca.
Mujer: Fue
maestro de piano.
Hombre: ¡Solo
por algunos meses, para
sobrevivir! Siempre fue un
desgraciado, desde el mismo día de
su nacimiento, ese 25 de enero.
Pordiosero
(Alejándose de la situación creada
por la Mujer y el Hombre de la
noche): ¡Es mentira¡ ¡Mentiras!
¡Su nacimiento fue el 24!
Hombre: El
amor fue su perdición.
(Burlándose) No podía contenerse
ante un rostro femenino.
Mujer
(Alarmada pero a manera de burla):
Dejó de ser director de la
orquesta para ocupar un puesto en
una de las importantes bandas de
la capital. (Saliendo de la
composición formada por el Hombre
de la noche. Ridiculizando) ¡Como
primer pistonista! Pero
contrariado al poco tiempo de
estar allí... Vendió, como dicen
unos (recapacita) o como dicen
otros, dejó en manos de los
ladrones el instrumento y tuvo que
desertar de la banda, ocultándose
en casa de su amigo Pepe Reina.
Uno de esos días que amaneció
deprimido (Hace gesto con el
pulgar), invitó a su amigo a
bañarse al manantial. Ya con el
agua vino un golpe de luz y, sin
pensar en otra cosa, empezó a
tararear una melodía que le
punzaba en la cabeza, así
nació...
Pordiosero:
¡Esas son fabulaciones como tantas
otras!
Mujer
(Comienza a dar pasos del jarabe
tapatío, mientras dice el texto):
Pasaba largas temporadas en
Contreras y, en sus momentos de
ocio, daba rienda suelta a la
imaginación, inspirando bailables
que hacían eco en el pueblo. Así
nació el vals famoso. (Ríe
estruendosamente) Así nació, a la
vera de un gallinero, encima de
una sucia mesa de madera.
Hombre
(Riendo): Lo compuso mientras
huía, mientras huía de la leva
militar (Ríen los dos).
Pordiosero
(Sobre la risa): ¡Fuera! ¡Fuera de
aquí! (A la mujer, por el hombre)
Eso no es más que un producto de
su afiebrada imaginación.
Hombre: ¡No
es junto al manantial, ahora es
junto al gallinero! (Ríen).
Pordiosero:
¡Santo Dios! ¿Qué está pasando?
¡Fuera de aquí! Es un sacrilegio.
Están ultrajando la memoria.
¡Fuera, fuera! (Todo se detiene,
cesa la risa, al centro-fondo de
la escena se escucha una voz).
Violinista:
¡Sólo el mar me defiende de la
soledad! (Todos quedan
sorprendidos por un momento).
Pordiosero:
¡Es él!... ¿Quién le ha traído?
¿Alguien tiene que haberlo traído?
(Por la mujer) ¡Usted es la
culpable, ustedes son enviados de
Satanás! (El Hombre abre su ancha
capa negra y va hacia el
violinista creando una composición
similar a la de la burla. Solo se
ven los rostros del Hombre de la
noche y el Violinista).
Violinista:
Me he quedado en este lugar como
barco varado. ¡Sólo las olas
parecen volver a ocupar de nuevo
su lugar! Las he amado tanto...
Las he soñado... Ahora están ahí,
lentas y cadenciosas. (Mira a su
alrededor) ¡Un infinito de mar y
estas paredes como una celda! (El
Pordiosero ha caminado muy
lentamente hasta el Violinista, la
Mujer queda en su sitio).
Pordiosero
(Como en un ruego): ¡No...!
Violinista:
¡Sí! Son las últimas horas, siento
como si me lo dijeran al oído. (El
Hombre se aleja del Violinista).
¡Las últimas! Ese señor me lo
dice, lo soñé y ahora no quiere
separarse. (La Mujer y el Hombre
de la noche se van perdiendo
lentamente por un lateral) ¿Es de
noche?... No, ahí está la claridad
del día. ¿Entonces por qué está,
si sólo me visita de noche? (Se
incorpora con dificultad) ¿No
escuchas? (Se detiene) Es como una
melodía, trae papel que voy a
componer. (Se queda como si
escuchara) ¡Piano! ¡Piano! ¡Pianísimo!
(El Pordiosero lo mira con mucha
lástima).
(...)